Relato de Joseph Paisley: 'El célebre párroco de Gretna Green'

Relato de Joseph Paisley: 'El célebre párroco de Gretna Green'

"MI QUERIDA HARRIET: Te reirás cuando sepas adónde he ido, y no puedo evitar reírme de tu sorpresa mañana por la mañana, tan pronto como me extrañen. Voy a ir a Gretna Green, y si no puedes quien, creo que eres un simplón, porque solo hay un hombre en el mundo al que amo, y es un ángel. Nunca sería feliz sin él, así que no pienses que no está mal irme. a Longbourn de mi partida, si no les gusta, porque hará que la sorpresa sea mayor cuando les escriba y firme mi nombre Lydia Wickham. ¡Qué buen chiste será! Orgullo y prejuicio
Este relato de la vida de Joseph Paisley (con una semejanza grabada), denominado 'El célebre párroco Gretna Green', apareció en el Lady's Magazine, o compañera de entretenimiento para el sexo justo, apropiada únicamente para su uso y diversión, Mayo de 1811, como carta al editor. Al editor de la Revista Lady   SEÑOR, Te incluyo una Cuenta (del Diario de Carlisle) del Gretna-Verde Parson, que murió hace unos días, como también un grabado, que es un excelente parecido, y fue tomado hace algunos años, por un muchacho vecino, sin el conocimiento del Parson; él no está dispuesto a sentarse para tal propósito. Si cree que vale la pena publicarlos, están a su servicio. Además del relato impreso, puedo asegurarles que, hace unos dieciocho meses, en presencia de un amigo mío, que lo visitó, (aunque por la tarde, y habiendo bebido mucho antes, como es habitual) tragó diecisiete vasos de brandy crudo. Yo soy, etc. JOHN NORMAN Kirkandrews, cerca de Carlisle, 26 de enero de 1811 En una carta posterior, el señor Norman nos informa que el joven que tomó el retrato (Robert Nixon, ahora hace algún tiempo muerto) nunca lo publicó, sino que solo sacó algunas impresiones para su propia diversión y la de sus amigos. -Agrega que el informe (notado en nuestra revista de enero) de que el párroco había sido herrero, es erróneo.) Joseph Paisley, de celebridad de pareja, nació en las fronteras de Inglaterra, en el año 1728 o 1729, en la oscura aldea de Lenoxtown, a una milla de distancia de Gretna Green; en cuyo lugar, y en Springfield (su vecino inmediato) el tema de estas memorias había continuado, durante medio siglo, soldando las cadenas del matrimonio y haciendo felices o desdichadas a grandes multitudes de amantes ansiosos. vida, Paisley fue aprendiz obligado a un estanco; pero, disgustado con este empleo, lo cambió por el de pescador, y sus hermanos le permitieron llevar la palma en todas las ocasiones en que se requiriera fuerza y ​​agilidad. Fue en esta humilde capacidad que se inició en los secretos de una profesión, que manejó con tal dirección. Había establecido una relación con un tal Walter Cowtard, que vivía muy cerca de Sarkfoot, a la orilla del mar; y quien, por extraño que parezca, ¡era a la vez contrabandista y sacerdote! El viejo Watty tuvo la desgracia de ser alojado con indiferencia, teniendo "una casa apestosa" y, lo que es quizás peor, una esposa regañona, de modo que tuvo que realizar la ceremonia de matrimonio en la playa abierta, entre las aulagas, o, como se le llama provincialmente, llorones. En estas ocasiones, el joven Paisley ofició como secretario. Pero nuestro héroe tenía ambición y solo quería una oportunidad para esforzarse. Pronto se presentó una ocasión: una vez Watty fue a la isla de Mann, con el propósito de recoger un cargamento de brandy de contrabando; mientras que su asistente permanecía en casa para realizar los ritos necesarios durante la ausencia del primero. Al descubrir que podía afianzar el vínculo matrimonial por igual que su amo y, al mismo tiempo, sufrir alguna vergüenza pecuniaria, comenzó su negocio por cuenta propia y, gracias a su capacidad y dirección, pronto superó toda competencia. Aproximadamente en el año 1794, recibió una citación para declarar en Bristol respecto a la validez de un matrimonio. Miles de personas esperaban que el evento del juicio pondría fin a la carrera matrimonial de Joe; sin embargo, ocurrió lo contrario; pues, gracias a su diestra gestión, no sólo consiguió que el partido fuera válido, sino que también pudo seguir su profesión favorita con mayor seguridad. Durante este viaje, visitó la metrópoli, donde la nobleza y la nobleza lo notaron mucho. Si hubiera tenido una disposición codiciosa, podría haber acumulado rápidamente una fortuna considerable; pero, desde la época a la que aludimos, nunca se ha alejado ni una milla de Springfield. De la fuerza personal de Joseph he escuchado muchos relatos bien autenticados, que bien creo por las hazañas que yo mismo le he visto realizar. La fuerza de su brazo era prodigiosa: --- podría haber tomado un gran palo de roble al final y continuar sacudiéndolo de un lado a otro, hasta que se hizo añicos en el aire. La excelencia de su constitución también fue probada a menudo; aunque debe admitirse que su intemperancia fue proverbial, sin embargo, llegó a los 82 años. Estaba acostumbrado a relatar con gran placer una hazaña célebre, en la que él y un compañero jovial, un rompe caballos, estuvieron una vez comprometidos; cuando consumieron la asombrosa cantidad de diez galones de brandy puro en el corto espacio de sesenta horas; y, además, estas dos almas sedientas patearon con los pies el barril vacío, por haberse secado demasiado pronto. Se puede conjeturar que la conversación de tal personaje no podría ser muy interesante; las hazañas juveniles de actividad, y su amado brandy, constituyeron los temas principales de su discurso, que, hasta hace muy poco, nunca se centró en temas religiosos. Pero que se haga justicia al carácter del hombre. Debe admitirse, en efecto, que le gustaba demasiado una pila de licor y que tenía modales toscos y sin pulir; pero ciertamente no era adicto a hablar profano y obsceno discurso, como ha afirmado rotundamente un periodista vecino. Sin riesgo de contradicción, se puede afirmar que era un hombre muy honrado y caritativo, un vecino inofensivo, y que todos los que lo conocían lo respetaban en general. Paisley es sucedido en la capacidad de acoplador por un joven, un amigo suyo; y no hay miedo de que el negocio se caiga, pues ya se han celebrado tres bodas desde el entierro del anciano.