En cada regreso de la noche: una oración de Jane Aust

Danos gracia, Padre Todopoderoso, para orar, como para merecer ser escuchado, para dirigirnos a ti con nuestro corazón, como con nuestros labios. Estás presente en todas partes, de ti no se puede esconder ningún secreto. Que el conocimiento de esto nos enseñe a fijar nuestros pensamientos en ti, con reverencia y devoción que no rezamos en vano. Mira con misericordia los pecados que hemos cometido este día y con misericordia haznos sentirlos profundamente, para que nuestro arrepentimiento sea sincero y nuestra resolución firme de luchar contra la comisión de tales pecados en el futuro. Enséñanos a comprender la pecaminosidad de nuestro corazón y a hacer que conozcamos todas las faltas de temperamento y todos los malos hábitos en los que nos hemos entregado a la incomodidad de nuestros semejantes y al peligro de nuestras propias almas. Que ahora, y en cada regreso de la noche, consideremos cómo hemos pasado el día anterior, cuáles han sido nuestros pensamientos, palabras y acciones predominantes durante el mismo, y hasta qué punto podemos librarnos del mal. ¿Hemos pensado irreverentemente en ti, hemos desobedecido tus mandamientos, hemos descuidado algún deber conocido o hemos dado voluntariamente dolor a algún ser humano? Inclínate a hacerle a nuestro corazón estas preguntas ¡oh! Dios, y líbranos de engañarnos con el orgullo o la vanidad. Danos un sentido agradecido de las bendiciones en las que vivimos, de las muchas comodidades de nuestro destino; para que no merezcamos perderlos por descontento o indiferencia ...

Por Jane Austen

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